Francia ante el abismo
Francia ante el abismo

Francia ante el abismo

Los resultados de la primera vuelta de las presidenciales francesas constatan la desafección profunda de la población con los partidos tradicionales –socialistas y conservadores–, y que la presidencia de Francia se decidirá de nuevo en un duelo entre el actual presidente Emmanuel Macron y una ascendente Marine Le Pen. Un representante neoliberal presidente de los ricos y una candidata de la extrema derecha serán las opciones presidenciales para una segunda vuelta a disputar el 24 de abril. Todo ello en una Francia fractura y con un escenario incierto de guerra a las puertas de la UE, de crisis del modelo energético y de nefastas consecuencias económicas y sociales de la pandemia todavía por superar.

Con una participación del 74% el candidato-presidente Macron ha liderado la primera vuelta con un 27,6% de los votos, seguido por Le Pen que ha obtenido un 23,41%. Los dos han mejorado los resultados respecto a las elecciones presidenciales de 2017 y Le Pen ha conseguido su mejor porcentaje de votos en una primera vuelta. Por su parte, la Francia insumisa de Jean-Luc Mélenchon con un 21,95% ha obtenido unos resultados extraordinarios pero no suficientes para pasar a la segunda vuelta. Los Verdes han conseguido un 4,58%, el Partido Comunista un 2,31% y el Partido Socialista un pobrísimo 1,74%. Una vez más una izquierda dividida ha sido incapaz de articular en una misma candidatura todo aquello que los une –que es más que lo que los separa– para así configurar una opción a la izquierda como alternativa a las políticas de Macron. En cuanto al otro candidato de extrema derecha, Éric Zemmour (Reconquista), ha obtenido un 7,05% y ha ayudado con su discurso a dar un giro a la imagen de Le Pen que –hábilmente– se ha centrado en cuestiones económicas y sociales, relegando a un segundo plano la inmigración, el islam y la seguridad. Una moderación del discurso que, no obstante, no tiene que hacer perder de vista los postulados antiinmigración y nacionalistas que defiende, tal y como se recoge en su programa político. Finalmente, el tradicional partido conservador con tan solo un 4,79% tiene muy difícil, al igual que los socialistas, intentar recomponer el partido desde estos resultados. En este sentido, socialistas y conservadores tienen que abrir un periodo de reflexión profunda para redundarse.

El establishment europeo apuesta otra vez por el actual inquilino del Elíseo. En la doble crisis actual de la UE, bélica y energética, la continuidad de Macron, – firme defensor del proyecto europeo -, sería una pelota de oxígeno para el futuro de una UE en tiempos convulsos. Al respecto, la agenda europea depende mucho de lo que pase en esta segunda vuelta, a pesar de tener grandes divergencias como en la cuestión energética donde Francia es una firme defensora de la energía nuclear frente a alternativas sostenibles. Así mismo, se pone en marcha la campaña del “Frente republicano” llamando al voto útil por Macron frente a Le Pen. Socialistas y conservadores ya han hecho un llamamiento a sus electores a votar al actual presidente. Por su parte, Mélenchon ha manifestado que no hay que dar ni un voto a Le Pen y ha anunciado que consultarán a las bases la consigna de voto del movimiento insumiso: abstención o voto por Macron para neutralizar la peor de las opciones. No obstante, hay que recordar cómo se ha llegado a esta situación. En este sentido, la aplicación por parte de los gobiernos francés y de la UE de unas políticas públicas favorables a las élites, aumentando las desigualdades y la precariedad, y recortando derechos y libertades, son las que han favorecido un contexto para el crecimiento de la extrema derecha. Es más, la extrema derecha tiene la hegemonía del discurso, marcando en los últimos años los temas centrales que han conformado la agenda pública del país. Le Pen ha conseguido centrar el debate político y captar la atención mediática y popular. Ante el crecimiento de actores políticos situados a la izquierda que defienden el bien común, la UE lleva tiempo agitando el miedo a la extrema derecha. No obstante, cinco años después de las pasadas presidenciales francesas puede ser que este discurso sea insuficiente para frenar el asalto al poder de una extrema derecha que, sumados los votos de las diferentes candidaturas, ya supone más de un tercio de los votantes en primera vuelta. Una realidad que tendría que hacer reflexionar a la misma UE a la hora de debatir y afrontar su futuro.

Francia votará dividida entre la extrema derecha populista escondida bajo la bandera social y el voto útil contra Le Pen en lo que será una reedición de las elecciones del 2017 pero con una candidata de Agrupación Nacional reforzada. En los últimos comicios el 60% de los apoyos de Macron fue voto prestado. En las presidenciales actuales el resultado final dependerá de la abstención, en este sentido, la extrema derecha tiene un voto más consolidado y Macron tiene más voto pero más volátil.

Francia decide entre el mal menor o la oscuridad absoluta.

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